
Y cuando miro detenidamente sus ojos notó en aquellos un dejo de inseguridad, de miedo a adentrarse cada vez más, miedo a experimentar. Como si ya hubiesen sufrido demasiado y estuviesen hartos de conocer, como si con su pasado ya lo hubiesen vivido todo y ya no dan para más. Y comienzo a pensar que algo muy doloroso debió haberles dejado una marca tan profunda, una herida aún abierta o, quizás, completamente consumada pero que el sólo recuerdo de aquella experiencia les producen un apretón tan fuerte en el pecho, como si con ese recuerdo se les fuera su último aliento, como si con el corazón apretado se les fuera la vida.
Y no son capaces de luchar, porque ya son
un alma vencida.
Por suerte aún no es un viejo cuerpo sin alma y muerto entre los muertos.
Y pensar que por primera vez podría haber jurado que poseía esa encantadora escencia que me vuelve loca y que se vuelve loca si no hace al menos una locura por año.
