miércoles, 7 de enero de 2009

Cinco minutos


Un día cinco del quinto mes del año cinco mil quinientos cincuenta y cinco a las 5:55 a.m. descubrió que todo el mundo estaba al revés, en diagonal a la izquierda por un lado y diagonal a la derecha por el otro. El cielo ya no estaba adornado por estrellas, sino por pequeños peces dorados, payasos, de mil colores, formas y tamaños posibles. Y la luna en aquel entonces era sólo un reflejo de lo que alguna vez existió y se transformó, por ciertas extrañas circunstancias, en un pasado tan profundo que por más que se quiera no se podría enterrar, pero que a la vez marcó de tal manera las cosas, la vida quizá, que dejó su reflejo estampado como una huella que alguna vez pareció eterna e inmortal. La existencia de esta estrella se cuestiona hoy en día. Sólo queda su reflejo... en medio de la nada. El suelo ya no lo es. No es nada. Abismo. Sin superficie, por suerte al descubrir que todo estaba al revés ella flotaba en la última nube que quedaba.



(...) La vida fue eterna en cinco minutos (...)